Y aquí hago una aclaración sobre lo que digo en el título: no digo “elegimos todo lo que nos pasa”. Algunas cosas están claramente fuera de nuestro control. Y si, creo sinceramente que SIEMPRE hay una decisión que tomar.

No elegimos las emergencias, elegimos cómo reaccionamos a ellas.

No elegimos a nuestra familia, elegimos cómo nos relacionamos con ellos.

No elegimos la cantidad de horas del día, elegimos cómo y con quienes las pasamos.

Cada situación  presenta una elección. Cuando nos enfocamos en lo que está fuera de control, regalamos nuestro poder más grande.

Cuando nos negamos a reconocer nuestra capacidad de elegir, nos convertimos en víctimas de las circunstancias. Adoptamos la creencia de que las fuerzas externas, (como la suerte u otras personas) son las que determinan nuestros resultados en la vida.

Es mucho mejor creer que las decisiones que tomamos contribuyen directamente a nuestro éxito, de esta forma estamos más propensos a tratar de mejorar una situación negativa. Somos más propensos a ser valientes.

Por supuesto, si creemos que todo es una elección, tenemos que aceptar una verdad a veces difícil: hemos creado nuestra realidad actual. Elegimos la vida que estamos viviendo en este momento, y así pierde sentido quejarnos de las partes de nuestra vida que no nos gustan (al menos pierde sentido quejarse y quedarse sólo en la queja, sin hacer algo por cambiar esa realidad).

Pero aquí está la buena noticia: si todo es una elección, podemos elegir algo diferente. Podemos optar por hacer algo diferente. Podemos optar por tomar nuestro propio camino.

Inmediatamente al pensar de esta manera, nos sentimos abrumados… ¿Cómo elegimos? ¿Y si tomamos una mala decisión?

Esto nos produce miedo, y tratamos de no accionar, de no elegir. Cuando decidimos no elegir, todavía estamos tomando una decisión, estamos aún, eligiendo ( suena a una especie de juego mental, ya sé).

Así que la única pregunta que queda es: ¿seremos activos o pasivos en nuestras elecciones?

La mayoría de nosotros dejamos que nuestras elecciones se ejecuten en segundo plano, en piloto automático. Inconscientemente nos dejamos llevar por nuestros miedos y las expectativas de las personas que nos rodean. Esto puede ocurrir en todos los ámbitos de nuestra vida: la salud, carrera, relaciones.

Nos pasamos la vida evitando riesgos, con miedo de tomar una decisión desastrosa. La ironía es que esto rara vez sucede.

De hecho, no hay tal cosa como una mala elección. Las malas decisiones hechas (conscientemente) son realmente buenas porque nos despiertan. Los fracasos nos dan datos, nos permiten aprender, nos permiten expandir nuestros límites.

Sin embargo, nos obsesionamos en estas grandes opciones, tanto que nos olvidamos de las pequeñas. Las decisiones pequeñas que hacemos cada día. Se acumulan con el tiempo.

Nos despertamos años más tarde preguntándonos dónde estamos y cómo llegamos allí. La respuesta, por supuesto, es a través de nuestras propias decisiones.

No pierdas esta oportunidad. No entregues este regalo. Si tienes la suerte de tener una abundancia de opciones en su vida, por favor elije audazmente.

Recuerda: la peor elección es no elegir.

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